El síndrome de las piernas inquietas es un trastorno de tipo neurológico que se caracteriza por una sintomatología particular a nivel de los miembros inferiores. Consiste en una sensación de hormigueo, tirantez, sacudones, quemazón, ardor, e inclusive dolor, que hace que los pacientes sientan unas ganas irrefrenables de moverse como estrategia directa para aliviar los síntomas existentes, ya que estos se minimizan ante el movimiento, haciéndose más notorios en el reposo y agravándose notablemente en horas de la noche.
Todo esto evita que el paciente descanse adecuadamente, ya que cuando se dispone a dormir los síntomas se agudizan, haciendo que este sienta una necesidad irrefrenable de moverse. Por tal motivo se los ha denominado “andadores nocturnos”, ya que pueden dormir tan solo dos o tres horas por noche. Este descanso insuficiente afecta notablemente su calidad de vida, su nivel de concentración, y la atención que se necesita para desempeñar cualquier tarea.
Las molestias en las piernas parecen generarse a nivel de las pantorrillas, aunque oscilan intermitentemente a lo largo de toda la pierna, desde el tobillo hasta el muslo y viceversa, causando una sensación de impotencia y desesperación que en algunas personas ha ocasionado cuadros depresivos severos, baja de autoestima, y aislamiento, debido a que la incomodidad de tener que ejercer tales movimientos genera una comprensible incomodidad social para quienes lo padecen, por el grado de notoriedad con que se manifiesta esta alteración.
La causa de esta enfermedad tienen claramente un componente genético, aunque se cree que algunas enfermedades crónicas predispondrían aún más a la expresión de estos genes, entre ellas podemos mencionar: diabetes, hipertensión arterial, dislipemias, entre otras.
Su diagnóstico se realiza en base a la sintomatología existente, y a un exhaustivo interrogatorio al paciente.
Hay acciones que se recomiendas para disminuir los síntomas, algunas de estas son:
- Abandonar el hábito de fumar.
- Realizar ejercicios de dos a tres veces por semana como mínimo.
- Reducir o evitar el consumo de café o de gaseosas colas, ya que activan el sistema nervioso, acentuando aún más los síntomas.
- Darse baños o compresas de agua fría.
- Someterse a sesiónes de masajes de los miembros inferiores.
Los tratamientos medicamentosos consisten en derivados de la dopamina, pero son de estricta recomendación médica, y especialmente adecuados a cada paciente.

Soy licenciada en nutrición con master en alimentación natural y macrobiótica. Colaboro en diversos medios impresos para educación social alimentaria y prevención de la desnutrición. Además escribo sobre estética y ciertos temas de interés médico asistencial, mi segunda gran pasión! Soy fanática de los delfines y ballenas.


