Ejercicios de locución: dicción y entonación

ejercicios practicos para desarrollar la locucion

Propiamente dicho (y valga la redundancia) no hay hablar sin sonido. De hecho, nuestra voz es parte de nuestra personalidad, y cuando imaginamos (o recordamos) algo que alguien nos dijo, lo hacemos con su propio sonido de la voz.

Hay voces poco agraciadas (cuando el timbre nos molesta, por ejemplo), voces que no resaltan en ningún aspecto, y voces hermosas que nos gustaría tener. Y, como casi todo en el ser humano, te cuento que la voz es, también, elástica, moldeable: existen ejercicios prácticos de locución que contribuyen a mejorar tu dicción (la correcta pronunciación de letras/palabras), entonación (inflexiones, emotividad) y modulación (cambiar las propiedades del sonido) vocal para que la voz suene atractiva, precisa y hasta seductora (porque, sin lugar a dudas, una voz bella es una tremenda herramienta de seducción).

Esto solo se consigue a través de la práctica de técnicas específicas para: fortalecer los músculos buco-faciales, mejorar la respiración, y, sobre todo, para pronunciar las palabras de manera clara para que los escuchas comprendan sin esfuerzo lo que uno está diciendo.



La práctica de locución se puede separar en dos partes, y sus variaciones tienen el fin de colorear y dar propósito a cada idea, cada frase e intensión. Veamos:

  1. Dicción: consiste en la manera en que se articulan y aúnan las palabras para formar cada oración. En ésta influye la forma de modular, de pronunciar, la posición en que se encuentra el diafragma para regular el aire y otras sutilezas técnicas relacionadas a la lengua y el paladar.
  2. Entonación: es el sello propio de cada locutor, que concentra la capacidad de variar el tono de voz según el sentido que se le quiere dar a cada frase, la emotividad, y, claro, el despertar las emociones del oyente.

Para que un locutor mejore tanto su dicción como su entonación, necesita una ejercitación técnica, y a continuación les detallamos algunos de los ejercicios más comunes:

  1. Pronunciación de trabalenguas: esta es una fantástica práctica para dinamizar la oratoria y mejorar la precisión de los fonemas a través de cada ensayo. Los hay con prácticas para letras específicas del abecedario (por ejemplo la letra ene, la ele y la erre).
  2. Leer párrafos de cinco o seis líneas, varias veces, dándole en cada ocasión un sentimiento o expresión diferente, como por ejemplo: enojo, euforia, tristeza, alegría, resignación, etc. El resultado es un enriquecimiento vasto de las variaciones emotivas y sus matices de voz típicos (es recomendable grabarse para poder escucharse e ir corrigiendo en cada repetición, según la intensidad e intencionalidad que se intente conferir).
  3. Leer textos de manera exagerada moviendo la mayor cantidad de músculos (pómulos, entrecejo, abriendo grande la boca, frunciendo los labios) generando muecas para elastizar cada vez más (y tonificar) la musculatura de cuello y rostro.

Piensa también que un buen orador no solamente se caracteriza por una voz bella, sino que debe rellenar emotivamente cada frase para que la expresión no se perciba hueca, sin contenido; el ritmo, los matices y la naturalidad son básicos para ser un locutor de raza, creíble, con franca llegada a los demás. Y esto lo conseguirás con mucha práctica, dedicación y por supuesto amor a la profesión, pues si no disfrutas el camino, llegar a una meta probablemente tampoco sea la felicidad que esperabas. 🙂






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