Completa biografía de Francisco Bernareggi

biografía de Francisco Bernareggi

Francisco Bernareggi nació en el año 1878 en Gualeguay, provincia de Entre Ríos, Argentina. Gracias a su padre, oriundo de Cataluña, viaja con toda la familia en varias ocasiones a Barcelona donde se instalan definitivamente en el año 1895. Francisco Bernareggi inicia sus estudios superiores en escultura, grabado y pintura en la Escuela Oficial de Bellas Artes de esa ciudad española, compartiendo aula con nada menos que Pallarés Grau y Pablo Picasso, con quienes genera una amistad.

Apenas comenzado el siglo XX Francisco Bernareggi se traslada a Paris para permanecer un breve lapso de tres años en los que realiza cursos en la Academia Fontaine, dirigida por Lefevre;  se reencontrará, allí, con Picasso, Canals, Sunyer y Novell, entre otros.

Sus padres se instalan en el “Es Corbi Marí”, una casa en la costa mallorquí ubicada entre Porto Pi y El Tirreno. Largas temporadas pasó junto a su familia, profundamente enamorado de la isla transformada en motivo excluyente de su obra. En 1903 instaló un taller en la sierra de Tramontana donde llevar a cabo su ciclópea tarea de capturar la naturaleza en toda su majestuosidad. Mallorca se torna en esa época en un polo cultural, centro de reunión de renombrados artistas locales y foráneos como Cesáreo Bernaldo de Quirós, Blanes Viale, Antoni Gelabert, Rusiñol, Titto Cittadini, Gregorio López Naguil, Roberto Ramaugé, Carlos Alberto Castellanos, Domingo Ramos, Luis Cordiviola, entre tantos otros.



En 1914 realiza una muestra de dibujos y maquetas en el Ayuntamiento de Soller; un proyecto de urbanización que generó enormes polémicas pero que Francisco Bernareggi utilizó para la preservación de la belleza natural y cultural de la zona que tanto amaba. En 1919 deja la Tramontana y se instala en el Pontás, Santanyí, uno más de los espectaculares paisajes de Mallorca.

Francisco Bernareggi realiza su primera muestra individual en el año 1920 en “La Veda”, que sorprendió tanto a los que seguían su evolución como para los que resultaba un desconocido. Fue verdaderamente impactante; los cánones escolásticos sufren un colapso; la crítica se exalta; los espectadores se subyugan. Grandes personajes escriben sobre esta exposición, catalogada como la más importante de la historia del arte de la isla. Tanta admiración produjo que se instó a que las obras fueran adquiridas por las autoridades locales. “Placidez”, “Alegría payesa”, Gorcs del Torrent” recibieron innumerables y sinceros elogios y adjetivos. Anglada Camarasa, Ricardo Güiraldes, Titto Cittadini, López Naguil, son algunos de los tantos que sucumbieron a la maestría de Francisco Bernareggi, y la expresaron a viva voz.

En 1922 realizó una serie de proyectos para la redecoración del Salón Verde del Círculo Mallorquín en los que se plasma su obcecación en la búsqueda del equilibrio y la armonía (muebles, telas, colores; el objeto y su coherencia estética con su función). Ese mismo año participa en la XIII Exposición Internacional de Arte de Venecia junto con Titto Cittadini (gran amigo de Francisco Beranerggi), Fernando Fader, Antonio Alice, Cupertino del Campo, Rodolfo Franco y Pío Collivadino, obviamente en la sección perteneciente a la República Argentina.

En 1923 al lado de algunos de los autores mencionados (más Cesáreo Bernaldo de Quirós – ver también-) Francisco Bernareggi interviene en la Exposición Nacional de Buenos Aires que dará paso al Primer Salón Nacional de Independientes. Bernareggi recorrió innumerables salones europeos donde su talento lo hizo acreedor de la admiración del público y de la crítica; en la Argentina era solo una referencia, un dato, que rápidamente se transformó en una concreta fascinación. En ese Salón Nacional al que hacíamos referencia el pintor entrerriano se acerca a su tierra y a su gente y aunque genera unas rispideces iniciales (algunos críticos con la clarividencia típica denostan su obra)  el éxito es rotundo. De hecho, se alza con el Primer Premio de Pintura con su trabajo “Sol de Abril” y sus consecuentes dos mil pesos. Sin embargo, se cuestionó al Jurado, se devaluó al artista y su técnica, porque ese galardón no debe haber mitigado el sabor un tanto amargo que impregna a todos aquellos que no son profetas en su tierra.



Otro revés sufrirá en el Salón de Otoño del Palacio del Retiro (Madrid) donde recibió algunas críticas negativas, esta vez en el país ibérico, que calaron hondo en su espíritu, tornándolo menos propenso a presentar sus obras en ciertos lugares. En el año 1925 Francisco Bernareggi participa en la Exposición Panamericana de Los Angeles, Estados Unidos con su mentado trabajo “Sol de Abril”, además de incluir dos de sus trabajos en la Exposición Circulante de Arte Argentino, organizada por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) que recorre Paris, Madrid y Buenos Aires. En esos años Francisco Bernareggi se sume en la tarea solitaria, en su bunker de Santanyí, aunque envía una tela a la Exposición Internacional de Philadelphia, USA.

La polémica desatada por su participación en la Exposición Nacional de Buenos Aires en 1923 y su alzamiento con el mayor galardón en pintura, contribuyó a una interiorización y anhelo de conocimiento de su obra. Francisco Bernareggi pasa así a ser considerado por algunos (por suerte influyentes) en su verdadera dimensión o al menos a reconocer los laureles que supo cosechar en el viejo continente. Así, en 1926 se incorpora un importante trabajo a las paredes del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires y su figura recibe el tratamiento merecido. Sus amistades con artistas argentinos y esta apreciación por su producción lo acercan a su país natal que lo recibirá, como a tantos, con los brazos abiertos.

En 1928 Francisco Bernareggi participa en la exposición colectiva “La Veda” con parte de sus trabajos más reconocidos con los que se vuelve el protagonista principal de la muestra, además de presentarlos en la Exposición de Pintura de Mallorca en la ciudad de Buenos Aires y en las capitales argentinas de Rosario y La Plata. Los próximos años hasta 1936 Francisco Bernareggi se aísla en la tarea creativa y su participación en escenarios públicos se ve sumamente menguada; la favorecida fue su técnica.

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