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Historias, aventuras y genealogía de los dioses griegos

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Aventuras y genealogía de los dioseses griegos

Las aventuras de los dioses

Los dioses griegos han sido quienes han formado el quiebre de la historia de la humanidad. Ellos fueron los precursores del cristianismo. Antes de Cristo existía un panteísmo fragmentado, con múltiples dioses en acción. Saldremos a buscar la historia personificada de esos dioses, realizada en múltiples juegos que deslumbraban a la gente de aquellos tiempos.  Luego podremos profundizar su genealogía

La principal aventura de los dioses fueron los juegos olímpicos. Fueron catorce los dioses que magnificaron y generaron la historia olímpica: Zeus, Hera, Poseidon, Demeter, Hestia, Hades y Herón, que eran hermanos. Los otros ocho fueron Ares, Hermes, Hefesto, Atenea, Apolo, Dionisio, Hebe y Perseo y Persefone, eran hijos de Zeus: es decir todo en familia.

Los dioses levantaron un altar olímpico en Atenas, durante el arcontado de Pisistrato el joven, el año 522 antes de Cristo. Persefone pasaba la tercera parte del año en el inframundo del invierno, para volver al Olimpo los restantes ocho meses. Allí se encontraba con su madre Demeter.

Los juegos olímpicos eran una fantástica realización. Jupiter era convocado para jugar con el rayo, con el águila que portaba sobre sus hombros, con el roble que levantaba cual si fuera una simple rama, con el cetro que ostentaba como signo de su poder y con la balanza que le permitía hacer justicia.

A la diosa Juno la preferían porque sabían que concurriría acompañada con su pavo real, para hacerlo jugar ante la algarabía de una multitud jubilosa. También porque portaba una granada de fuego, una corona de diamantes, un cuco para meter miedo y un león y una vaca, para que se pelearan entre ellos.

Neptuno no podía estar ausente porque, siendo el señor de los mares, de los terremotos y de los caballos, sabían que podían contar con la presencia del toro, por ser provocativo, del delfín, para maravillar a todos con sus saltos en el mar, y por portar un tridente, como arma jubilosa que mantenía el alborozo de los presentes.



Baco no podía faltar, porque siempre era portador de enormes toneles con vino, y ello le ponía espíritu y fantasía a los concurrentes, para presenciar la realización de los apasionantes juegos.

Apolo, dios de la medicina, era convocado para seguridad de los presentes. Apolo no se olvidaría de llevar consigo la lira, para cantar y ponerle alegría a los presentes, el arco y la flecha, para que todos pudieran defenderse, sin olvidarse de su cuervo, del delfín, del lobo, del cisne y del ratón. Con todos esos acompañantes, podría Apolo garantizar una larga vida.

Vulcano se haría presente con su habilidad como maestro herrero y artesano de los dioses: dios del fuego y de la forja. Con el fuego, el yunque, el hacha, el burro, el martillo, las tenazas y la codorniz, su presencia aseguraba un Olimpiada fulgurosa y provocativa.

Ceres, que era la diosa de la fertilidad, también aseguraba fortuna para las Olimpiadas.  La agricultura sería floreciente, todos los trigales darían sustento durante el resto del año. Y en compañía de un cerdo y en sus manos una antorcha, todas las dichas estaban aseguradas.

Tampoco podía faltar Plutón, el dios del inframundo, de los muertos, por tanto el portador de muchas riquezas. Con sus bienes las Olimpiadas tenían asegurada la realización de una gran fiesta.

Vesta era la diosa del hogar, es decir de la familia. Con su presencia no habría violencia alguna que opacasen la realización olímpica.

Vejovis, que el dios de la medicina, daba seguridad de que el juego de los dioses no tuvieran lesionados de ninguna naturaleza. Y si los había, las medicinas que tendría a la mano Vejovis, daban de sobra seguridad a que no se opacase la alegría.

Por supuesto que Hercules no podía estar ausente de la fiesta olímpica. Era el más fuerte de los grandes dioses griegos. Podía luchar contra los monstruos etónicos. Asustaba a todo el mundo y era una garantía de paz en beneficio del éxito olímpico.

Por último, Proserpina, como diosa de la primavera que lo era, daba seguridad a que el sol brillante, el colorido y la alegría que despertaba esa gran estación del año, hicieran de las Olimpiadas una fiesta fastuosa, llena de logros y éxitos, tan esperados por el pueblo.



La genealogía de los dioses griegos

Zeus era el Rey de los dioses, de hecho era el gobernante del monte Olímpico. Era el dios del cielo y del trueno. Zeus era el hermano y el marido de la diosa Hera, lo cual aseguraba el poderío de toda la familia.

Hera, era la reina de todos los dioses, también lo era del matrimonio. Tenía tanto poder que podía vengarse de las amantes de su marido Zeus, así como de sus hijos, por los bastos poderes que ella ostentaba

Neptuno era el dios de los mares, de los terremotos y de los caballos. Estaba casado con la diosa Anfitrite. Era hermano de Zeus y de Hades, y tenía múltiples amantes.

Baco era el dios del vino, lo cual le permitía ser el patrón del arte y del teatro. Era hermano gemelo de Artemisa e hijo menor de Zeus y de Leto.

Diana era la diosa virgen de la caza. Su virginidad le daba un poder especial:  tenía la posibilidad de convocar a la luna, para que la noche brillara en tiempos aciagos, lo cual lograba que el pueblo la amara.

Mercurio era el mensajero de los dioses. Actuaba como el dios del comercio y ahuyentaba a los ladrones. Era hijo de Zeus y de la ninfa Maía.

Venus era la diosa del amor, de la belleza y del deseo. Hija de Zeus, como todos los dioses, y de la oceanide Dione. Tenía fama de haber sido hija del mar, porque salió de su espuma. Estaba casada con Hefesto, pero se convirtió en una adultera consumada.

Vulcano era un dios maestro herrero y el artesano de los dioses. Sus padres lo arrojaron fuera del monte Olimpo, generando un gran temor en la isla de Lemnos. Estaba casado con Afrodita.

Ceres fue la diosa de la fertilidad, asegurando las buenas cosechas de trigo y de las amapolas. Era medio hija de Crono y de Rea. Su nombre dio origen al llamado “cereal”-

Plutón fue el dios del inframundo y de los muertos, y como tal se hizo cargo de las riquezas de esta tierra.

Vesta fue la diosa del hogar, de la corrección doméstica y de la familia. Formó parte de los primeros doce olímpicos. Durante la guerra Vesta era el respaldo de los guerreros. Ella nunca fue a la guerra.

Vejovis fue el dios de la medicina, con lo cual daba seguridad a todos para gozar de buena salud. Fue el padre de Hygieia, es decir la higiene, de Laso, es decir la medicina, de Acceso, es decir la curación y de Panacea, es decir el remedio universal.

Cupido es el dios del amor sexual y de la belleza. También lo fue de la fertilidad, Fue hijo de Afrodita y de Ares.

Juventas era la diosa encargada de servir la bebida a los dioses y diosas del monte Olimpo. El vino gustaba por su néctar, tenía sabor a la amobrosía. La diosa se casó con el dios Heracles.

Hércules fue el más fuerte y poderosos de los dioses griegos. Hijo de Zeus y de Alemena, también hijo adoptivo  de Anfitrión y bisnieto de Perseo. Se convirtió en el más grande de los héroes griegos. Un verdadero parangón de la masculinidad: campeón de la orden olímpica contra los monstruos etónicos.

Fauno fue el dios de las estepas, los pastores y los rebaños de las montañas salvajes, asi como de la música rústica. Fue el gran compañero de las ninfas.

Proserpina fue la diosa de la primavera. Hija de Demeter y de Zeus. Fue secuestrada por Hades quien la llevó al inframundo. Entonces Demeter, que era diosa de los cultivos, maldijo la tierra y no permitió que diera frutos. Se generó todo un problema en la convivencia de los dioses, que solo fue superado cuando Zeus y Hades le permitieron a Proserpina salir del inframundo y reunirse con su madre durante seis meses al año. Ello permitió que los cultivos volvieran a florecer.

Bibliográfica a  ser consultada

  1. Graves Robert “Los mitos griegos” (2011). Ed. Gredos (Madrid).
  2. Grimal Pierre “Diccionario de la mitología giega y romana (2010). Ed. Paidos (Barcelona)
  3. “Los dioses de los grietgos”, Caracas (Ed. Monte Avila, 1999)
  4. “Los héroes griegos”, prólogo de Jaume Portulas (Ed. Atalanta, 2009).
  5. Otto Walter “Los dioses de Grecia” (Ed. Siruela 2012, Madrid).

 





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Humberto Quiroga Lavie

Nací en Buenos Aires. Fue el 10 de noviembre del año 36 del siglo XX. Ese día murió José Hernández, curiosa circunstancia: la tradición ha acompañado mi vida.
Mi padre fue Noé Humberto Quiroga, un ingeniero que pavimentó, a diestra y siniestra, muchos caminos de la querida patria. Mi madre fue Angélica, un ángel simple, que enfermó cuando me ausenté de su lado para estudiar derecho en la ciudad capitalina. Lavié fue su apellido: no dejes de usar el apellido de tu madre pues a ella le debes la vida.
Es por eso que me conocen como Humberto Quiroga Lavié.

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