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mito del vino y la sandia: ¿produce la muerte? la verdad detrás de esta historia

A mí me lo dijeron de adolescente, y no una vez sino decenas, en particular una tía que era un compendio vivo de aseveraciones fabulosas: “nunca comas sandía junto con vino porque te puedes morir”.

Mezclar sandía con vino… Ya suena raro. ¿De dónde salió eso de que, en un almuerzo o cena, en donde nos encontramos degustando un frutal Malbec o un Chardonnay bien sequito, comemos sandía de postre… y morimos? ¿El estómago se pone duro, o nos sobreviene un infarto? Bueno, no te preocupes porque no es verdad. Y ahora vas a conocer de dónde salió todo esto. Ah, otra cosa: y vas a querer mezclarlos para el próximo encuentro con tu pareja. 🙂 O conseguir vino de sandía, que existe!

La Verdadera historia del mito de la sandía y el vino

La leyenda dice que en el s.XVII un grupo de monjes investigaron casos de mujeres que habían sido abusadas en las inmediaciones de su abadía. ¿Por qué ocurría tan seguido allí? ¿Es que el demonio había hecho campamento en aquella región?

Esta investigación llegó a una conclusión insospechada: la única característica significativa de la zona era la cosecha de sandías… junto con la del vino, claro (aunque en aquella época los viñedos eran normales, pues los monjes fueron los artífices de las bodegas del mundo).

Entonces resultaba, al parecer, que aquellos que bebían vino en las comidas, y de postre comían sandía, eran presa de un arrebato amoroso desmedido.

Ante esta conclusión, los monjes desparramaron una amenaza para impedir nuevos acosos en sus fieles: la combinación de sandía y vino te llevaría al infierno.

Varios siglos vinieron y se fueron desde entonces, y es comprensible que “irse al infierno” haya transmutado al liso y llano “morirse”. De aquí el mito que conocemos hoy día.

Posible explicación científica de esta relación y sus consecuencias

Los jugos de la sandía aportan un aminoácido particular, L-arginina, que en nuestro organismo deviene en óxido nítrico, un vasodilatador natural. Cabe aclarar aquí que la famosa píldora azul que consumen los hombres en la tercera edad (y en la segunda también!) para favorecer su virilidad se ha compuesto con el mismo objetivo: vasodilatar, o sea, aumentar el flujo sanguíneo. Ahora empezamos a advertir un patrón, pues los polifenoles del vino también promueven la formación de este óxido nítrico vasodilatante, sumado al hecho de que fomenta la liberación de un neurotransmisor específico, la serotonina, que es una de las principales reguladoras del deseo carnal. En suma, que efectivamente podemos señalar que nos hayamos frente a un cóctel afrodisíaco.

Entonces parece que los monjes tenían razón, pues había que evitar que los fieles mezclaran ambas a toda costa, aunque en la vida moderna, bueno, puede que podamos encontrar usos recreativos placenteros para este “cóctel del amor” 🙂





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Eliana Ramplona

Soy licenciada en nutrición con master en alimentación natural y macrobiótica. Colaboro en diversos medios impresos para educación social alimentaria y prevención de la desnutrición. Además escribo sobre estética y ciertos temas de interés médico asistencial, mi segunda gran pasión! Soy fanática de los delfines y ballenas.

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