¿Por qué envejecemos? (y morimos)

¿Por qué envejecemos y morimos?

Los seres vivos estamos formados íntegramente por diferentes tipos de células; el conjunto de cada tipo de células recibe el nombre de tejido, y cada una de estas pequeñas unidades cumplen funciones metabólicas para que nuestro cuerpo como «un todo» funcione eficazmente, para llegar a mantener un estado de salud óptimo compatible con la vida.

Cada estructura celular se produce y regenera velozmente, con lo cual nuestro cuerpo no debería envejecer; pero este es el punto en cuestión: si nuestro sistema se encuentra en continuo proceso de recambio y renovación, entonces ¿por qué envejecemos? La respuesta encuentra sustento en un estudio realizado en Estados Unidos (específicamente en la Universidad de Wisconsin) que sostiene que a pesar de las sucesivas divisiones celulares, y la constante regeneración, una porción del núcleo celular situado en el citoplasma (parte interna contenida por la membrana celular) es copiada, es decir que no es nueva, por lo tanto ésta admite millones de divisiones, hasta que en un momento de nuestras vidas el mecanismo regenerativo se enlentece, y en un instante deja de funcionar; ese es el principio del fin.



Por otra parte nuestro cuerpo es nuestra casa, y aunque nos pese, el tiempo pasa inexorablemente también para él. Nuestras acciones van haciendo que lo conservemos en mejor o en peor estado, como consecuencia directa de nuestros actos, el hábito de fumar, la manera de alimentarnos, las horas de sueño, ritmo de vida, estrés, etc; aunque se sabe que existe un condicionamiento genético que rige la duración de las células funcionantes según el genotipo y fenotipo de cada individuo en particular.

Como sabemos nadie es eterno, y como no vivimos para siempre lo mejor que podemos hacer es cuidarnos para contribuir de alguna manera a que este periodo regenerativo se sostenga el mayor tiempo posible. Seamos felices, que la felicidad genera endorfinas y una retroalimentación positiva que crea una mayor cantidad de neurotrasmisores que otorgan bienestar, y de alguna manera favorecen una franca restauración celular, lo que nos ofrece el milagro de la vida.



Además tengan presente que en realidad uno muere cuando deja de soñar, de proyectar, de creer; es una muerte que precede a la defunción física, personalmente creo que es casi tan dolorosa y penosa como lo que conocemos como el verdadero fallecimiento.

Atención! no nos olvidemos de vivir cada momento como si se tratara del último minuto; disfrutemos de cada instante y del poder “ser y estar” cada día justo donde estamos.

Celebremos y honremos la vida!

 




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