Meditación zen: ¿qué es? ¿cómo se practica?

Meditación zen: ¿qué es? ¿Cómo se practica?

La meditación zen, también conocida como «zazen«, es una práctica, un ejercicio de reflexión. Su fin es abrir la mente al universo y lograr un estado de armonía, serenidad e iluminación (el conocimiento del sí mismo), alcanzándose la estabilización física, psíquica y espiritual de un ser humano.

Esta técnica se origina en la filosofía budista, y actualmente cuenta con millones de adeptos en el mundo entero, creciendo y difundiéndose con creciente entusiasmo.

 

 Zazen significa «meditar sentado», y se forma con las siguientes siglas: «za«, sentarse, y «zen«, meditar.

 

Los beneficios del zazen son numerosos, tal vez incontables; sólo voy a decirte que aquellos que la practican gozan de:

  1. sensaciones de paz, felicidad y sosiego con frecuencia y facilidad.
  2. logran disociar y neutralizar los pensamientos malos y aberrantes de sus mentes.
  3. consiguen vencer adicciones (pues bajan los niveles de ansiedad y, por ende, los impulsos autodestructivos).
  4. poseen un mayor poder de concentración y sin esfuerzo (la mente clara, limpia de pensamientos desordenados, se manifiesta como una fuerza mansa, lista para «responder a nuestras necesidades»).
  5. disponen de niveles altos de defensas en el organismo, y mayor velocidad de respuesta frente a malestares.
  6. su visión del mundo y de los demás cobra nitidez; se comprende mejor el entorno, se perdona, y no se interfiere en la vida ajena (salvo humildemente o a solicitud) pues «todo está en su lugar».
  7. las alergias desaparecen, los arrebatos desaparecen, el insomnio desaparece, si bien es común tener menor necesidad de horas de sueño seguidas con una rutina diaria de meditación.


¿Cómo se practica la meditación zen?

Primeramente ponte cómodo, con ropa cómoda; consigue una almohadón mullido (el original se llama zafú), y busca un sitio calmo, alejado del ritmo vertiginoso de la vida diaria, lo que es decir sin distracciones, timbres, teléfonos, alarmas, chicharras, máquinas, electrodomésticos funcionado, etc. Entonces, acopia en tu interior la entrega, la aceptación completa del «cosmos y sus designios».

Paso a paso

  1. Siéntate sobre el almohadón (o zafú) en posición cómoda (sólo con el tiempo practica la posición completa del «loto», cruzando las piernas y con cada pie debajo del muslo contrario, pues al principio podría resultar un impedimento para meditar). Pon la espalda bien recta, pero, a la vez, busca que esté relajada, reclinando tu torso hacia adelante o hacia atrás hasta conseguir un cómodo equilibrio.
  2. Colocar las manos en la posición Mudra cósmico, que se realiza apoyando los dorsos de los dedos de la mano izquierda sobre los dedos de la mano derecha, con los pulgares chocando delicadamente las yemas entre sí; las manos deben quedar enfrentadas al cuerpo (como si tu mano derecha cobijara tiernamente la izquierda allí delante, pero sin llegar ninguna a cerrarse en puño).
  3. Tras esto, cierra los ojos, mantén la boca cerrada, y respira profundamente por la nariz (para centrar la energía en el “hara”, a 2 centímetros por debajo del ombligo). Intenta que tu respiración no produzca ruido, y utiliza la zona del hara con conciencia, para subir y bajar tus pulmones lentamente. Toma aire, retenlo brevemente, y expúlsalo, siempre prestando atención a tus pulmones.
  4. Por supuesto, acudirán pensamientos a tu cabeza, te sentirás ridículo, pensarás que deberías estar haciendo otra cosa, recordarás tus complicaciones y tal vez imagines gente que conoces hablándote o burlándose de ti. Imagina entonces que todos esos pensamientos y tareas pendientes son nubes que se deslizan por el cielo sin que puedan arrastrarte. Sólo concéntrate en la respiración.
  5. Al cabo, con el tiempo, con los días, con la práctica, tu conciencia comenzará a modificarse y lo podrás notar. Podrás experimentar al finalizar cada práctica un intenso bienestar integral.

No intentes «conseguir algo» sino concentrarte en el ejercicio cuyo centro es la respiración. No coloques ansiedad allí, sino, justamente, comprende que es la no-ansiedad, más bien un «recreo» de tu rutina cotidiana.

Prueba quince minutos el primer día y mantenlo una semana si puedes. No te consternes si no puedes hacerlo todos los días o mantener un horario fijo. Sólo busca el momento, y hazlo. Con el tiempo te será más fácil y te mantendrás en trance más tiempo; la práctica te revelará cuánto y cómo, perfeccionando tu posición y tu respiración.

Es el ejercicio, y no un «trance», lo que te beneficiará en tu día a día.



Conclusiones

La meditación zen puede considerarse un «viaje introspectivo», un vislumbramiento interior para conocernos más y mejor, comprendernos, acariciarnos el alma y auto iluminarnos.

La meditación zen busca de alguna manera quebrar la conciencia de lo actual y terrenal, para focalizar la atención en un «plano elevado», alejado de todo el entorno, incorporando a través de esa respiración profunda cantidades de aire para llenar nuestro sistema de una energía intangible y etérea, capaz de regalarnos una serenidad inmensa y estable, hasta nuestro «yo» más profundo y auténtico.

El zazen es mucho más que una técnica de relajación; es Meditación zen:</strong> ¿qué es? ¿Cómo se practica? que incluye un compromiso interno con uno mismo y con el universo como parte de un todo; nos zambulle en un trance que logra direccionar la conciencia, movilizando así la esencia hasta lo más minúsculo de nuestro ser, para que podamos estabilizar no sólo el cuerpo, sino, aún mejor, el alma, haciéndonos dueños de una paz interna infinita e imperecedera.

Por todo esto, no podemos negarnos la oportunidad de experimentar este ejercicio, vivir esta experiencia, y sumergirnos en este maravilloso mundo zen, que nos ayudará a alinear nuestra energía, desde adentro hacia fuera, y así poder proyectar ese aprendizaje para enriquecer cada vez más nuestro mundo interior.




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